El Monte Neme, entre Carballo y Malpica de Bergantiños, es un lugar que aúna historia, misterio y una inmensurable dosis de peligro. Un cóctel que suscita interés a menos de una hora en coche de la ciudad de A Coruña.
Esta montaña de 387 metros de altura es mucho más que un simple paisaje. Ha sido testigo silencioso de la vida humana desde tiempos prehistóricos, un espacio cargado de leyendas sobre meigas (brujas) y antiguos cultos paganos, y más tarde, un recurso valioso explotado por sus ricos yacimientos. A principios del siglo XX, el lugar comenzó a cambiar drásticamente. La “fiebre del wolframio” convirtió al Monte Neme en una zona estratégica para la extracción de este mineral, fundamental para la industria militar, en especial durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La mina llegó a ser tan importante que incluso se cuentan historias de espionaje: locales pagados por los británicos robando wolframio para que este no llegase a manos del Tercer Reich. Pero esa fiebre también dejó profundas heridas en el monte, mutilando por completo el paisaje y arrasando con los monumentos megalíticos que quedaban. Así, por ejemplo, en la ladera sureste se podía encontrar la Eira das Meigas, un antiguo círculo megalítico donde, según la leyenda, las brujas se reunían en la Noche de San Juan para planear sus hechizos y malas artes. El lugar, de enorme valor histórico y patrimonial, fue totalmente destruido por la actividad minera.
En la actualidad, el Monte Neme no es famoso por sus historias de brujas o por sus minas. Lo es por algo mucho más banal: su lago turquesa, un atractivo que puede llegar a ser peligroso. Lo que muchos no saben es que ese hermoso color es en realidad producto de la contaminación minera, un cóctel tóxico de metales pesados que ha dejado el agua tan peligrosa como bella. Pero, a pesar de los carteles que advierten del peligro y la prohibición de acceso, algunos visitantes se adentran en sus aguas, dispuestos a pagar el precio con erupciones cutáneas y vómitos.
En 2014, se produjo un grave incidente cuando una de las balsas mineras colapsó. Se liberaron miles de metros cúbicos de lodo contaminado que llegaron a las aldeas más cercanas. Solo entonces las autoridades comenzaron a reconocer la magnitud del problema. En 2017, la Xunta de Galicia intentó promocionar el área como destino turístico pero la iniciativa fracasó y pronto fue objeto de críticas. Desde entonces, la montaña se ha transformado en un símbolo del deterioro ambiental y de la falta de responsabilidad de algunos visitantes. Sin embargo, dada su historia y singularidad, creemos que es un lugar interesante que vale la pena visitar, siempre con un profundo respeto por el entorno y por uno mismo.